Viento tras los ojos
Buenos Aires, 28 de febrero de 1785. Es dejada en la Casa de Niños Expósitos una niña de pocos días de vida. La registran como Antonia, de padres desconocidos y blanca. Pero con el transcurrir de las semanas la piel comienza a oscurecerse y el color celeste agua de sus ojos se acentúa. Mulata. La hija del diablo, decían algunas de las mujeres del orfanato. Antonia es diferente.
Corre el año 1812 y la sangre se le agita con las voces revolucionarias que proclaman “romper con las cadenas de la esclavitud”. Lucha entonces por la libertad de su esposo, Antonio Obligado; y la de su gente, negros y negras, mulatos y mulatas... Los esclavos.
Antonia nace fuerte, por eso sobrevive. Crece con amores prestados y es bendecida con almas generosas que la socorren. Ossaim es su orixá protector. Tenaz, decidida y, a veces, contradictoria.
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