Narciso y Goldmundo
“En Narciso y Goldmundo alterno constantemente la confesión de experiencias extraordinarias, y en cierto modo ejemplares, y esas etapas de la vida en las que se reconocen la imperfección, la flaqueza, la tortura infernal y la desesperación. Por esta razón tuve que dividirme en Narciso y Goldmundo”. Hermann Hesse
Goldmundo es un joven inocente que ingresa en el convento de Mariabronn por designio paterno. Allí conoce a Narciso, un monje con una inteligencia fuera de lo común. A medida que aprende de él y del mundo que lo envuelve, Goldmundo empieza a ser consciente de su persona. Inseparables en su amistad, ambos personajes deben recorrer diferentes caminos: Narciso se prepara como monje y busca la meditación, la soledad, la paz y el recogimiento, mientras que a Goldmundo lo llaman la libertad y el sensible caos del mundo. En una lejana e idílica Edad Media, la relación de Narciso y Goldmundo confronta, pues, dos elementos básicos de la personalidad humana: el racional y el instintivo, lo consciente y lo oculto, la ciencia y el arte. Narciso encarna el rigor idealista, el espíritu ascético, la claridad; Goldmundo es el alma artística y errante, sumida en un problema terriblemente trágico, atraída por el amor mundano y la pasión de vivir.
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