El cencerro de cristal
No busquéis aquí, verdad, razón o deducción alguna. A otros la enseñanza. A esas enormes cabezas cuadradas, pensantes y rumi-pensantes que hacen de la verde yerba campera un bolo alimenticio. Ellos dicen: “mucho de lo que crees hermoso, no es sino cieno”. No tengo aptitudes de máquina para transformar bellezas en utilidades, y si algo hay de verdad en mis escritos, culpa mía no es. El prisma recibe luz e, inconsciente, rompe transparencia en siete colores.
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