literatura argentina

Recuerdos de mi niñez en la ciudad de Paraná 1877-1889

Recuerdos de mi niñez en la ciudad de Paraná, 1877-1889 nos transporta en el tiempo a un escenario donde se reviven costumbres, creencias, supersticiones, sabores, juegos, músicas, personas y palabras. Como dice Claudia Rosa en la presentación, Moisés Velasco «pasea por calles conocidas y va saludando recuerdos, que no lo dejan solo. La marca en el orillo del narrador es la miniatura, el minúsculo detalle de esa ciudad vista con ojos nuevos de niño y contada por un viejo que sabe que eso ya no existe, o sólo existe en la nebulosa de lo irrecuperable».

El arte de cebar / El lenguaje del mate

La costumbre de tomar mate, que puede remontarse hasta la cultura del pueblo guaraní —una de las hipótesis principales de esta obra—, mucho antes de la llegada de los europeos al continente, sobrevivió a siglos de opresión política y de intercambio cultural. El yerbear es una práctica que ha acompañado los tiempos de la colonia española, las luchas por la independencia, la anarquía, las guerras civiles y los sucesivos procesos sociales de los siglos XIX y XX.

Del pasado entrerriano

Francisco D. Segovia (1863-1948) nos lleva a la Paraná de su niñez, una ciudad en transformación por la que camina, entre otros, el creador del Martín Fierro. El protagonismo lo tendrán las mutaciones en la educación, desde los días de concurrencia al rancho de la escuelita de la maestra Valentina, docente y cigarrera, hasta la asistencia a la Escuela Normal, de rigurosa enseñanza y educadores anglosajones convocados por Sarmiento.

El andamio

El andamio, novela autobiográfica de Emma Barrandéguy (1914-2006), es la reconstrucción de una infancia de descubrimientos, de una vida familiar y pueblerina, de una época de veranos con niñas «en patas», de sufridas lavanderas a domicilio y calles de tierra que mueren entre los pastos, pero es además y sobre todo un viaje introspectivo. Un viaje que emprende una mujer ya adulta, desde la cama de hierro de su niñez, en búsqueda de las razones que expliquen de algún modo las elecciones, las preferencias, las dudas y temores que la constituyen.

Mi hogar de niebla

Con diecisiete años, Ana Teresa Fabani (1922-1949) es llevada a una estación climatérica, eufemismo de los sanatorios de montaña en los que, para cura o aislamiento, eran confinados los enfermos de tuberculosis. Allí incuba los matices de su universo literario, «pequeño mundo» donde descubre los tonos del silencio, la quietud, la soledad, el tiempo. La novela autobiográfica Mi hogar de niebla narra esa internación y, al enfrentar lo abominable, revela lo humano. Fugaz e intensa, sigue cautivándonos: los ojos de Teté siempre serán verdes.

Cronosí­ntesis

«De un lado del tapial la llaman con un nombre y del otro lado le dicen brocamelia, pero la planta está del lado que la llaman rosa de Jericó. Como no es egoísta, da flores para los dos lados y estas comienzan siendo grandes y blancas para marchitarse cambiando al rojo, como avergonzadas, pero siempre muy hermosas». La rosa infinita, flor que los poetas y los teólogos vienen soñando desde hace siglos, tiene también, como este fragmento lo propone, su lado «vecinal».

El paí­s del río

En 1933 Roberto Arlt realizó un viaje remontando el río Paraná en un pequeño barco de carga: sus notas aparecieron en el diario El Mundo bajo el título de «Aguafuertes fluviales». En 1966 y 1967 Rodolfo Walsh viajó a Corrientes, Chaco, Misiones y también a la Isla del Cerrito, en la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay. De estos viajes surgieron varias crónicas publicadas en la revista Panorama y una especial sobre el Estero del Iberá en la revista Adán.

Aguafuertes fluviales de Paraná

A mediados de 1933, «para compartir el trabajo cotidiano con los hombres que trabajan a bordo», Roberto Arlt (1900-1942), con su máquina de escribir portátil,  se sube al carguero Rodolfo Aebi para remontar el río Paraná y recorrer sus costas. Uno de los puertos en donde desembarca es el de la capital entrerriana y sus paseos por esta ciudad quedarán estampados en tres Aguafuertes fluviales de Paraná. La mirada del forastero que deambula de incógnito, «en busca de naturaleza y de humanidad», capta detalles que sorprenden.

Entre Ríos, mi paí­s

«En mi memoria se han fijado pocos recuerdos del viaje. Lo que no olvido es el momento en que pasamos la frontera, en el límite de Graieff. Mi padre me indicó al cosaco que cuidaba la última casilla del territorio ruso y me dijo con júbilo: “Míralo bien; no verás cosacos en la Argentina. La Argentina, niño mío, es un país libre, es una república, es decir, donde todos los hombres son iguales”».

Reinaldo Rosillo, poeta de los niños y del delta

Juan L. Ortiz (1896-1978), como un cosmógrafo de letras, proyecta un mapa espacio-temporal del universo poético de Entre Ríos o, mejor dicho, de su propio universo. Así, a fines de los cuarenta, ofrece la conferencia Reinaldo Rosillo, poeta de los niños y del delta, recién hoy publicada de manera íntegra. A sus reflexiones, Ortiz va incorporando en la lectura poesías de Reynaldo Ros (1907-1954), que se transcriben en este libro. En la cartografía orticiana, Ros representa la sencillez delicada frente al énfasis tradicional, en el espacio es el delta y en el tiempo, la promesa.

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